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“Cuando la gente intenta rebelarse contra la lógica férrea de la naturaleza, entra en conflicto con los principios mismos a los que deben su existencia como seres humanos. Sus acciones contra la naturaleza deben llevarles a su caída...”

Hitler y los animales II

by Übermensch on Nov.22, 2009, under


Es poco común encontrar un vegetariano que no empiece una conversación, durante una comida, sobre las ventajas dietéticas del vegetarianismo, ponderando sus excelentes virtudes. Esos vegetarianos, que son la casi absoluta totalidad, se abstienen de comer carne como el diabético procura evitar el azúcar, simplemente por razones físicas. Esto hace que existan mil distintos tipos de vegetarianos, tantos como partidarios de uno u otro régimen. Los hay que admiten ciertos tipos de carne, especialmente el pescado. La gente que no conocía a Hitler - y todavía hoy algunos pseudo-historiadores - consideraban el vegetarianismo de Hilter como una señal de debilidad en el aparato digestivo y ésto, hasta tal punto así, que nos relata su fotógrafo personal Hoffmann la siguiente anécdota: "Aquella noche había yo aceptado una invitación para cenar en casa de Goebbels, en la Reichskanzlerplatz. Por deferencia a Hitler no sirvieron naturalmente carne. Aparte de los platos vegetarianos había, sin embargo, pescado, una gran carpa que ofrecieron en primer lugar a Hitler y que el rechazó. La señora Goebbels se disculpó: “Creí que tomaba vd. pescado, mi Führer, ya que el pescado no es carne...” Hitler dijo sardónico: “Supongo entonces que el pescado es, según usted, mi querida señora, una planta".

Hitler, que comprendía la postura del resto de personas respecto al problema del consumismo de carne, que sabía que era necesaria una labor educativa para dejar clara la postura vegetariana y que nada se conseguía con buenas intenciones en las sobremesas, tenía, como hemos visto, un gran sentido del humor al tratar el problema. Con frecuencia llamaba a sus compañeros de mesa, en tono irónico, "consumidores de inmundicia", "devoradores de carroña", "comedores de cadáveres" etc. pero "no ejercía la menor presión sobre sus invitados por lo que hace referencia a la alimentación vegetariana, aun cuando hablase con frecuencia del tema". En una ocasión, Hitler, con su habitual sentido del humor, dijo al Almirante Fricke: "Sobre todo, no vaya usted a creer que voy a prohibir, por decreto, que la Marina consuma carne. Suponiendo que la prohibición de la carne hubiera sido un artículo de fe del nacionalsocialismo, ciertamente nuestro movimiento no habría conseguido el triunfo. En seguida nos hubieran preguntado: ¿Para qué se creó entonces la pierna de ternera?. Actualmente la base de nuestra alimentación son las patatas, y sin embargo, sólo el uno por ciento de las tierras se consagran en nuestro país a su cultivo. Si fuera el tres por ciento, tendríamos más patatas de lo que hace falta. Los pastos cubren el treinta y siete por ciento de nuestro suelo. Ahora bien, no es el hombre el que los consume; el que come hierba es el ganado", pero pese a estas palabras, Hitler vaticinaba: "Hay una cosa que puedo predecir a los que comen carne, que el mundo futuro será vegetariano", aunque esto debería ser fruto de un proceso regenerador basado en una labor educativa en el sentido de Wagner, es decir, en el sentido del propio Hitler.

La postura vegetariana, no basada en razones dietéticas, nos la explica una de sus secretarias: "Para apartar a sus invitados del consumo de carne, le gustaba disertar en la mesa acerca de lo que representaba la carne como materia muerta y podrida. Cuando alababa en cambio su régimen vegetariano, se lanzaba a hacer descripciones eufóricas sobre la manera de cómo se producían los elementos. Nos descubría al campesino sembrando su campo, con gestos amplios y majestuosos. Luego aquél trigo echaba raíces, crecía y se convertía en un verdegal que se doraba poco a poco al sol. Estos cuadros bucólicos abogaban a sus ojos por la vuelta a la tierra y a los productos naturales. Pero estos monólogos poéticos terminaban siempre con su tema favorito: la repugnancia que el consumo de carne debería inspirar al hombre. Tenía una manera de describir el trabajo sanguinolento en los mataderos, la matanza de animales y su descuartización que provocaba náuseas en los convidados animados de mejor apetito", esta repugnancia reflejada en los rostros de sus invitados era - según nos refiere la misma secretaria - para Hilter "una confirmación de sus principios", y cuando alguien se resistía a aceptar sus argumentos - al margen de que siguiese o no comiendo carne - Hitler decía: "Es muy difícil persuadir a un caníbal de que no tiene que comer carne humana. Según sus concepciones, esto es una ley de la Naturaleza."

La postura de Hitler respecto a este problema nos es explicada, por su Secretario Rudolf Hess, otro defensor del vegetarianismo - o mejor dicho, el otro defensor -, quién también consideraba el problema desde el punto de vista moral. El 31 de enero de 1954 escribía a su esposa desde la prisión de Spandau, contestándole una carta que ésta le había escrito relatándole un accidente sufrido por un perro propiedad de la señora Hess, en los siguientes términos: "Me conmovió la desgracia del pequeño perro. ¿Puede dudar alguien realmente de que exista un alma finamente modelada en los animales? No lo puedo remediar: la idea de matar y de comer una criatura con una vida interior más sensible que la de muchos hombres es horrible, independientemente de que haya pueblos que son especialmente aficionados a la carne de perro. No creo que el alma de otros animales - animales que son alimento normal para el hombre - se encuentre por debajo de la del perro. Teníamos una vez nosotros un cervatillo en Reicholdsgrün que vino a nosotros como un bebé para que lo alimentásemos y que se convirtió pronto en un inseparable compañero de juegos de los niños aunque quería también a los mayores, los cuales le correspondían, hasta que por fin un día, escapándose del jardín, salto el arroyo desapareciendo en el bosque, donde pronto encontró el amor de un ciervo, amor que superó a todo lo demás, quedándose en el bosque. Pero cuando nosotros caminábamos por el bosque se nos aparecía para saludarnos, incluso cuando estaba acompañada por crías, contemplada por los de su especie que ciertamente, se extrañaban, pues debido a su instinto habían aprendido lentamente que el animal debe comportarse con extrema prudencia con respecto al hombre.

“Nuestro cervatillo nos visitaba de tiempo en tiempo incluso en el jardín y en la casa ¿qué pensamiento tan absurdo sería el haber aprovechado una de estas ocasiones para matarle porque su carne sabe tan bien?, lo mismo podría decirse del, para nosotros menos simpático, ganado vacuno: no hay más que ir a un matadero y contemplar como la pobre víctima imaginando su destino, es empujada hacia el matarife. Uno que fue vegetariano durante 15 años de su vida (Se refiere a Hitler pero no lo menciona por su nombre, debido a la estricta censura que le impide cualquier alusión política.) me dijo en una ocasión que la mayoría de los hombres renunciarían a comer animales si se viesen obligados a matarlos personalmente y yo estoy convencido por mi parte de que con el progreso hacia formas superiores de cultura y de ética nuestra especie acabará por fin apartándose con horror de toda forma de canibalismo, incluso de las aún hoy practicadas".

Estas palabras de Hess expresan en forma maravillosa la postura de Hitler y, como hemos visto, la de Wagner, respecto a este problema.

La única razón, al margen de ese sentido moral, que impulsaba a Hitler al vegetarianismo, era la austeridad de costumbres del Canciller alemán. La comida vegetariana era mucho más austera, lo que armonizaba mejor con su forma de comportamiento. Todos los que vivieron con Hitler, y así también los ya mencionados Otto Dietrich y la secretaria de Hitler, nos hablan de la austeridad en sus comidas, platos únicos incluso para sus invitados importantes. Nos dice Dietrich en la obra citada: "Hitler obsequiaba a sus invitados con una alimentación buena y abundante, pero jamás con una cocina refinada y exuberante, e incluso también con el consabido plato único. Con motivo de los grandes banquetes oficiales no se servían otros platos que una sopa o entremeses y un plato fuerte y postres". Hitler, hombre de vida sencilla y austera, que no fumaba ni bebía, encontraba en el vegetarianismo no sólo la práctica de su doctrina moral con respecto al trato con los animales sino también una dieta más acorde con su manera de ser en otros aspectos.

Al margen de la cuestión se ha discutido la fecha en que Hitler empezó a ser vegetariano. Según la carta de Hess, lo fue durante 15 años, es decir, desde 1930. Su secretaria nos dice que desde 1931, mientras que Augusto Kubicek nos explica que, en una ocasión, Alberto Bormann - hermano del conocido Martin Bormann - le preguntó si Hitler en su juventud había sido ya vegetariano, lo cual indicaba que no había mucha gente que supiese la fecha exacta. Sin embargo el año 1930 o 1931 es una fecha muy probable. En aquel tiempo, Hitler todavía no había llegado al poder pero gozaba de una total independencia en su vida personal cosa que, anteriormente, residiendo en cuarteles o como jefe de un partido en formación, obligado a comer en casa de algunos camaradas por no disponer de recursos propios, no le hubiese sido posible. Hitler empezó a ser vegetariano en el mismo momento en que hubiera podido permitirse abundantes banquetes que antes le estaban vedados por razones económicas, sin embargo eligió el camino que le indicaba su moral: el vegetarianismo.

Los hijos de Martin Bormann en 1940 recogiendo vegetales en el invernadero
de Adolf Hitler en Berchtesgaden.


Adaptación del Primer capítulo de la obra “Hitler y los animales”.
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Achtung-Mensch es el resultado de una amplia investigación sobre la figura del canciller alemán Adolf Hitler y el desempeño de la Alemania del Tercer Reich durante la segunda Guerra Mundial. El blog no promueve el racismo, ni la propaganda política en ninguna de sus formas. Toda información, así como fotografías y fuentes que se entreguen, aluden a una etapa histórica, que pretende demostrar la importancia ética que poseían los animales para el gobierno del régimen nacionalsocialista alemán.

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