
Wotan, ilustrado por Arthur Rackham para la ópera Die Walküre de Richard Wagner.
Tanto el Islamismo como el Cristianismo junto a todas sus variantes, incluidas el Catolicismo, el Protestantismo, el Ortodoxismo, el Restauracionismo y el Anglicanismo, son divisiones religiosas que se mueven bajo un patrón común, que a pesar de sus posibles diferencias culturales, es capaz de unificarlas a todas bajo un mismo nombre. Este patrón tan propio de las religiones monoteístas recibe el calificativo de Judaísmo; la religión génesis de una larga lista de derivaciones religiosas. Al ser el motor principal que logró mover a todas las demás corrientes, los subconjuntos del mismo incluyeron el nombre como símbolo de aceptación en sus orígenes, es así como deriva el calificativo Judeo-Cristianismo.
Aquel Cristianismo se ha sabido auto-perfilar como la encarnación terrenal de las virtudes y las buenas costumbres, logrando adormecer al mundo entero y posicionarse como el culto con mayor número de feligreses existente en la historia. Sin embargo y como es común en todas las situaciones, no es posible ser acreedor de determinados triunfos sin atravesar previamente una competencia que permita ser merecedor de ellos. Para lograr posicionarse como lo que hoy es, el Cristianismo debió competir, o mejor dicho, batallar contra aquellos cultos que en la época eran populares entre las distintas sociedades y comunidades étnicas a nivel mundial. Su estrategia, ara tan simple como ambiciosa; debía lograr la aceptación de todos, sin excepciones y de la forma en que fuese posible, incluso de aquellos que pertenecían ya a otras creencias religiosas. Si para ello resultaba necesario recurrir a prácticas como el genocidio, era ineludible hacerlo por el bien común.
Esa es la forma con la que muchas de las tradiciones culturales de numerosos pueblos en el mundo fueron olvidadas e ignoradas hasta la actualidad, puesto que literalmente el Cristianismo arrasó tanto con ellas como con sus feligreses. Entre aquellos pueblos que fueron perturbados por la Cristianización y por su obsesión en el bautismo, destacan los ancestros de la tradición alemana, aquellas culturas que habían heredado el paganismo como sistema opositor a las creencias religiosas del entonces Imperio Romano. Son precisamente esas las etnias que hoy en día conocemos históricamente como Pueblos Germánicos o Tribus Germanas.
Roma, la primera de las potencias mundiales en surgir, limitaba en ese entonces con aquellos pueblos, que dicho sea de paso, no eran una comunidad unificada como proponía el emperador romano Julio Cesar, si no que muy por el contrario, constituían una gran cantidad de diferentes culturas ramificadas por el territorio de la actual Alemania. Entre ellos, destacaban los Burgundios, los Queruscos, los Suevos, los Alemanes, los Anglos y los Sajones, además de muchos otros, quienes separados únicamente por el caudal de los ríos Rin y Danubio, limitaban con la poderosa Roma. Posteriormente y luego de numerosas batallas Romano-Germanas, se fortalecería aquella frontera con la construcción de la fortificación “Limes”, puesto que tanto Roma, como su emergente religión Judeo-Cristiana, tenían ambiciosos propósitos con los territorios Germanos.
Germania que se había mostrado siempre como una cultura indomable e intranzable, bajaba esta vez la mirada ante una Roma que inteligentemente impuso su supremacía, utilizando como rehén a Arminio (Hermann), hijo de Segimer, el entonces jefe del pueblo de los Queruscos. Arminio vivió siempre como un ciudadano Romano, alcanzando altos grados de reconocimiento en el Imperio, y a su vez, Roma aseguraba con esto la lealtad del pueblo Querusco, colonizando gran parte de Germania. De esta forma y durante muchos años, aquella tierra que se había mostrado libre y partidaria de sus propias tradiciones culturales, fue reprimida, explotada y humillada.
Luego de la muerte de Segimer, Arminio que se había mostrado dividido entre el Imperio y su pueblo, decidió tomar el lugar que le correspondía por derecho, como jefe de los Queruscos. Al asumir aquel mandato, tenía la importante responsabilidad de traicionar a Roma y con eso, guiar a su pueblo nuevamente a las puertas de la libertad. Germania, luego de muchos años, volvía a ver allí la esperanza de ser libre.
La batalla del bosque de Teotoburgo fue decisiva, el gobernador romano Varo junto a tres legiones completas del Imperio cayeron ante un pueblo Querusco que compensaba así sus décadas de sufrimiento. Sin embargo, comenzaba a hacerse presente desde aquel momento la influencia que Roma introdujo en los germanos colonizados; muchos habían sustituido la sabiduría de Wotan por la conmiseración del dios Judeo-Cristiano. Aquella fué la batalla que los pueblos Germanos jamás lograron vencer. De la misma forma, y demostrando lo dicho, muchos años después de que el Imperio retrocediese nuevamente hasta los límites del río Rin, las tribus Germánicas comenzaron una gran disputa por heredar los territorios que en algún momento le pertenecieron a Roma. Surgía así una batalla entre las comunidades Alemanas y Francas, estas últimas al mando del entonces rey Clodoveo. Cuenta la historia, que al encontrarse en desventaja numérica y a las puertas de una inminente derrota, el rey habló a Wotan cuestionándose; porqué este le había abandonado a él y a su pueblo. La decisión que adoptó en aquel entonces el rey Franco, demostró que Germania aún era prisionera de las tradiciones romanas. Clodoveo comenzó a orar al dios Judeo-Cristiano, y según los relatos este le habría llevado a la victoria. La libertad de un pueblo se ensuciaba así con el abandono de su propia cultura.
Desde que el emperador romano Constantino I, en el año 325, asumió al Cristianismo como la religión oficial del Imperio, ensució la descendencia de un mundo que paga hoy las consecuencias. La conmiseración de Yhwh, el dios del pueblo judío, se vio obligada a abarcar otras naciones, incluso aquellas con las que había luchado durante años para liberar a los pueblos semíticos. Se producía en eso una contradicción congénita, de la que pocos se dieron cuenta. De la misma manera, Germania al igual que muchos de los pueblos escandinavos, traicionarían a Wotan y con ello, traicionarían también su historia.

Ilustración actual del pueblo Germano y su liberación de la tradición Judeo-Cristiana.
El Canciller Imperial del Tercer Reich; Adolf Hitler, es muy probable que tuviese conocimiento de los principios culturales e históricos de los pueblos Germanos, y por el contrario de como se pudiese creer en la actualidad, el Führer jamás habría tenido creencias religiosas propias del Cristianismo. Si bien es cierto, existe una gran cantidad de material fotográfico en el cual pareciese que el Canciller alemán se perfila como un supuesto devoto católico, esto podría responder perfectamente a una estrategia política. Tomando en cuenta que el Cristianismo es la religión con mayor cantidad de adherentes en el mundo, resulta evidente que la Alemania de aquella época tuviese una gran cantidad de ciudadanos cristianos. Por tanto y como era de esperar, Hitler necesitaba del apoyo de aquellas masas.
Una comparación muy significativa que pudiese ejemplificar aquella estrategia, fue el momento en que preguntaron a Hitler sobre su
vegetarianismo y la no inclusión del mismo en los principios éticos del Nacional-Socialismo. El Führer, en forma muy inteligente contestó a aquello argumentando que la sociedad alemana no estaba preparada para asumir esa dieta alimenticia. Hitler sabía que el pueblo alemán, así como muchas de las personas no germanas, no entenderían jamás los principios de la dieta vegetariana. Los hombres están acostumbrados a ver en los animales seres inferiores, con una función exclusiva que busca satisfacer necesidades de los propios humanos. Aquel principio no lo compartía el Reich. De la misma forma, hubiese resultado muy complejo que la sociedad alemana de aquel entonces entendiese los principios del Odinismo, puesto que ni siquiera en la actualidad se hacen comprensibles para una sociedad adormecida por el Cristianismo. Por tanto, resulta muy convincente que al igual como hizo con el
vegetarianismo, Hitler habría excluído el culto Asatru de los principios básicos del Nacional-Socialismo. Aunque esto se presenta solo como un supuesto.
El primero de los motivos por los cuales resulta imposible un inminente apoyo de Hitler a la religión Cristiana, es que esta es de origen judaico, al igual que todas sus subdivisiones como el Catolicismo, Protestantismo, Ortodoxismo, Restauracionismo y Anglicanismo. El sustento de las creencias cristianas traería consigo una contradicción congénita en los principios antisemíticos del Reich. Por tanto, desde el punto de vista ideológico, esta supuesta devoción se hace ya imposible.
El segundo de los motivos, es la influencia que generó el filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche en los principios básicos del movimiento. Es sabido que Nietzsche aportó las ideas del Übermensch o Superhombre al pensamiento Hitleriano, así como también los fundamentos de auto-dependencia, auto-suficiencia y probablemente el anti-Cristianismo. A pesar de que su hermana Elisabeth Förster-Nietzsche editó los escritos del filósofo para adecuarlos a los principios del Reich, podemos afirmar que las ideas ya nombradas pertenecen intrínsicamente al pensamiento del autor. Nietzsche se oponía férreamente a la religión Cristiana, no porque compartiese creencias propias del Asatru, si no porque consideraba que aquello influía de mala manera en el intelecto de los humanos e imposibilitaba el surgimiento del Übermensch. Así lo sugiere su obra "Der Antichrist, fluch auf das Christentum" (El Anticristo, maldición hacia el Cristianismo) de 1888. Sin lugar a dudas, esto dificulta aún más la idea de una ética Cristiana en el Reich, a pesar de que el mismo Catolicismo lo apoyase en su momento.

Hitler saludando a Cardenales Católicos.
El tercero de los motivos, tiene lugar en los fundamentos de las religiones abrahámicas, y se relaciona directamente con la función que desempeñan los animales en la obra de Yhwh, el dios creador de lo existente, según la Biblia Judeo-Cristiana. Los cimientos de aquellos relatos, promueven la idea del consumo animal como forma alimenticia, dejando a voluntad del criterio humano, la vida y muerte de cualquier otro ser viviente que no comparta cualidades homogéneas. Aquella idea se complementa con la lectura de la primera de las cartas que escribió Pablo de Tarso a los feligreses de la ciudad de Corintos en el Nuevo Testamento Cristiano. En ella fundamenta:
“Coman ustedes de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque el mundo entero, con todo lo que hay en el, le pertenece al Señor (Yhwh)”.
1 Corintios 10:25-26
Tanto el Canciller Imperial de Reich, así como parte importante de los maestros germanos que le influenciaron, se oponían en forma acérrima al quebrantamiento del orden y las leyes que la naturaleza les habían heredado. Este es un principio que se manifestó incluso en las tribus germanas originarias. Durante su desempeño en la Primera Guerra como soldado del ejercito alemán, Hitler manifestó gran interés por la obra filosófica del maestro Arthur Schopenhauer, y en especial, por su trabajo “Die welt als wille und vorstellung” (El mundo como voluntad y representación) publicado por primera vez en 1819. Es muy probable que de allí proviniesen los fundamentos que llevarían al Führer a compartir la dieta vegetariana.
Comprendiendo y compartiendo aquella moral, es posible afirmar en forma absoluta que el comentario provisto en la “Carta a los Corintios”, sería desvalorado tajantemente tanto por Hitler, como por Wagner y Schopenhauer.
El concepto de respeto y conmiseración hacía las formas de vida animal se ligan íntimamente con la bondad del carácter humano, argumenta en sus obras el maestro Arthur Schopenhauer, sosteniendo en forma acérrima que los animales no son un producto de fábrica para la utilidad de las personas. Esto según su libro “Parerga und Paralipomena” publicado en 1851. Como fieles idealistas de las enseñanzas que heredó en sus memorias el maestro Schopenhauer, tanto Wagner como Hitler supieron conservar los planteamientos de aquella filosofía.
Finalmente, nos es posible aclarar que a pesar de las creencias comunes que se tienen sobre el presunto Cristianismo del Reich, aquello sigue siendo un supuesto con escaso argumento que le avale. No se tiene aún la certeza sobre las posturas religiosas que el Canciller alemán habría tenido en vida, ni tampoco si estas fueron o no influencias para el desarrollo del Nacional-Socialismo. Lo más probable, a falta de argumentos que le contradigan, sigue siendo que Hitler hubiese mantenido un planteamiento filosófico ateísta, o en su defecto, alguna forma de Asatru fundamentado, aunque esto último sigue siendo solo una especulación.
“El golpe más fuerte recibido por la humanidad fue la llegada del Cristianismo. El bolchevismo es el hijo ilegítimo del Cristianismo y ambos son invención de los judíos...”
Adolf Hitler
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